Abecedario hebreo
El abecedario hebreo está compuesto por veintidós letras y se escribe de derecha a izquierda. Cada letra tiene una forma propia y también un valor numérico, y según la tradición cabalística recogida en el Séfer Yetsirá se dividen en tres madres, siete dobles y doce simples, con un simbolismo relacionado con el papel que cumplieron en la Creación.
א ב ג ד ה ו ז ח ט י כ ל מ נ ס ע פ צ ק ר ש ת
Así, en esa tradición las denominadas “letras madres” son Álef (aire), Mem (agua) y Shin (fuego), en tanto que las “siete dobles”, que simbolizan los siete planetas, son Bet, Guímel, Dálet, Kaf, Pe, Resh y Tav, correspondiéndole a cada una de ellas dos pronunciaciones, una suave y otra fuerte. En el hebreo moderno, esta doble pronunciación se mantiene sobre todo en Bet, Kaf y Pe.
Por último, las “doce simples” representan los doce signos del zodíaco y son He, Vav, Záyin, Jet, Tet, Yod, Lámed, Nun, Sámej, Áyin, Tsadi y Kof.
Cabe aclarar que las letras Kaf, Mem, Nun, Pe y Tsadi cambian de forma cuando se encuentran al final de una palabra; en algunos sistemas de numeración estas formas finales reciben además un valor numérico propio. Las parejas son כ ך (kaf), מ ם (mem), נ ן (nun), פ ף (pe) y צ ץ (tsadi).
Este abecedario se utiliza para escribir el hebreo y también el ídish y, en menor medida, el judeoespañol. Su característica más importante es que su escritura es principalmente consonántica: las vocales pueden indicarse mediante unos signos llamados niqqud, y algunas letras también ayudan a representarlas. Muchos textos de uso cotidiano omiten estos signos, pero se emplean en materiales de aprendizaje, en poesía y en textos religiosos.
Con una extensa historia, la escritura hebrea más antigua, llamada paleohebrea, se utilizó durante la época de los reyes de Israel y Judá. La escritura cuadrada que se usa hoy deriva del alfabeto arameo y se fue imponiendo a partir del exilio en Babilonia (siglo VI a.C.), hasta convertirse en la habitual hacia el siglo III a.C.
Se estima que la escritura hebrea procede, como tantas otras, del alfabeto fenicio, el mismo que después pasaría a los griegos y del cual derivan la mayoría de las escrituras europeas, pero con el detalle importante de que la escritura hebrea no poseía señales que representaran las vocales.
A través del tiempo, la cultura judía adoptó distintos sistemas con el objeto de definir la vocalización de las palabras, y la escritura también desarrolló distintos estilos, como el “formal” o cuadrado, el “semiformal”, el “semicursivo” y el “cursivo”, cada uno de ellos con características propias.
Cada uno de los alfabetos creados tiene su historia y sus características especiales, y el abecedario hebreo no es la excepción: según la tradición judía, las 22 letras sagradas, junto con sus cinco formas finales llamadas “sofit”, representan las fuerzas espirituales de un proceso que siempre está en movimiento. Recuerda, eso sí, que las formas sofit no son letras adicionales, sino otra manera de escribir cinco de las 22 letras.